Situación
El castillo de Moura se alza sobre un cabezo a 184 metros sobre el nivel el mar, en la confluencia de los ríos Breñas y Lavandeira, ambos afluentes del Ardila, en la localidad de Moura, perteneciente al distrito de Beja, Portugal.
Historia
La ocupación de la zona se remonta a la Edad de Hierro, de cuando data, al parecer, un antiguo castro que fue sucesivamente usado por los romanos, los visigodos y los árabes. Éstos convirtieron Moura en la capital de la koura de al-Manijah, y a mediados del siglo XI o inicios del XII construyeron en el solar del antiguo castro una fortaleza de tapial, material éste muy usado en sus edificios y fortificaciones de tipo militar por su disponibilidad y bajo precio.
Durante la Reconquista, el castillo fue tomado en 1166 por los hermanos Pedro y Álvaro Rodrígues, obteniendo de don Alfonso Henriques en 1171 carta foral que fue confirmada en 1217 por Alfonso II.
Durante el reinado de don Dionís, el castillo fue remodelado a fin de mejorar sus defensas, y se mandaron edificar cuatro atalayas para mejor control de la comarca que enlazaban visualmente con el castillo. Dichas atalayas eran conocidas como la de Cabeça Gorda, la de Cabeça Magra, la de Porto Mourao y la de Alvarinho. De todas ellas, sólo perdura la de Cabeça Magra.
Durante el reinado de don Fernando, en la segunda mitad del siglo XIV, se tuvieron que realizar nuevas reformas a fin de ampliar la cerca urbana, y se construyó un segundo cinturón de murallas, las cuales duraron hasta ya comenzado el reinado de don Manuel I.
Como consecuencia de la Guerra de Restauración, el rey João IV mandó reconvertir el castillo en un fuerte, como hizo en tantas otras fortalezas medievales para adaptarlas a la pirobalística. Dichas obras se llevaron a cabo siguiendo un proyecto de Nicolau de Langres, el cual consistía en el típico fuerte abaluartado en forma de estrella, dotado de fosos y revellines.
Pero todo ello, incluyendo el castillo medieval, fue destruido a raíz de la ocupación llevada a cabo por los españoles que, con un ejército al mando del duque de Osuna, asolaron la villa en 1707.
No dio tiempo a reconstruir el recinto, ya que el terremoto de Lisboa, en 1755, dañó gravemente lo que quedaba. Con el fin de las Guerras Peninsulares, a principios del siglo XIX, el castillo fue definitivamente abandonado. Los materiales de las murallas de la alcazaba fueron usados entre 1809 y 1826 para la construcción de una fábrica de salitre y, finalmente y como conclusión a su proceso de aniquilación, en 1850 se mandó demoler un tramo de la cortina oeste de la alcazaba para edificar un lagar.
En el patio de armas de la alcazaba se encuentran las ruinas del convento de Nuestra Señora de la Asunción, de monjas dominicas, así como de la iglesia matriz. Ambos edificios fueron abandonados en 1875. En la iglesia se encuentran enterrados los hermanos Rodríguez, conquistadores de la plaza.
Leyenda
Moura significa Mora, y el origen de éste nombre tiene una curiosa leyenda:
Una princesa mora, llamada Salúquia, era la gobernadora de al-Manijah, nombre árabe de la población. Dicha princesa se enamoró del alcaide de Aroche (en aquellos tiempos ambas plazas pertenecían al reino de Ixbiliya, Sevilla), llamado Bráfama. Se prometieron en matrimonio y, cuando el alcaide y su séquito iban camino de al-Manijah para casarse con Salúquia, les salió al encuentro una mesnada al mando de los hermanos Rodrigues, y en la lucha que se desató Bráfama fue asesinado. Los portugueses se vistieron con las ropas de los árabes muertos a fin de engañar a la guarnición y tomar la ciudad por sorpresa.
La princesa Salúquia, a ver venir a los que creía su prometido y su comitiva, mandó abrir las puertas de la ciudad y, al darse cuenta del engaño, prefirió arrojarse al vacío antes que caer en manos de sus enemigos. Una vez tomada la plaza, los supervivientes narraron a los hermanos Rodrigues la historia de amor entre Salúquia y Bráfama por lo que, enternecidos, renombraron la ciudad con el nombre de Villa de la Mora, que con el tiempo se quedó en Mora a secas, o sea Moura.
De esa Torre de Salúquia semidestruida durante la invasión española es de donde se supone se arrojó la valerosa alcaidesa.
Descripción
El conjunto ocupa toda la cima del cabezo donde se asienta. De la muralla de la alcazaba quedan algunos restos por el lado noroeste, así como alguna torre, todo ello fabricado con mampuesto.
El castillo, situado en el extremo sudoeste, tiene forma de óvalo irregular. El acceso se encuentra en el lado nordeste, defendido por la maciza torre del homenaje y por una torre menor, ambas de planta cuadrada. La torre del homenaje conserva el parapeto y un almenado rematado con pirámides cuadrangulares, mientras que la otra torre está desmochada. Siguiendo la muralla en dirección norte, tenemos un cubo de flanqueo de planta circular, junto a cuya base se abre un pasadizo que conduce a lo que fue la liza que separaba la falsabraga, hoy inexistente, de la alcazaba, obras estas realizadas en tiempos del rey don Fernando. En dicho pasadizo se observa lo que parece ser un aljibe con una toma de agua. Se cerraba mediante una poterna ojival en cuyos sillares de las jambas se ven las marcas de los huecos para alamudes y trancas.
Aparte de las ruinas del convento y de una torre de la alcazaba que en el siglo XIX se reutilizó como reloj, poco más se puede aportar debido a que el castillo está cerrado por obras.
Materiales
Lo que se puede ver desde fuera, está construido con mampuesto bien alineado y sillares de mármol para esquinas y puertas.
Visitas
La visita es libre. El interior del castillo no puede visitarse, al encontrarse cerado por obras.