Situación
El castillo de Linhares da Beira se encuentra cimentado sobre un enorme teodolito de granito, a 820 metros sobre el nivel del mar, en la localidad del mismo nombre, perteneciente al concejo de Celorico da Beira, distrito de Guarda, Portugal.
Historia
No se tiene constancia de la existencia del castillo hasta el reinado de Sancho I, a finales del siglo XII. Su configuración y aspecto durante esa época se desconocen hoy día, si bien se sabe que su alcaide era un hidalgo llamado Gonçalo Mendes.
Consta que en 1258 se obligó a los vecinos de Sátão a trabajar tanto en el castillo de Linhares como en el de Guarda, lo que indica que en esa época ya se realizaron reformas en ambos, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta la importancia estratégica de estas plazas que, junto a Celorico da Beira, Castelo Mendo, Castelo Bom, Vilar Mayor, etc. formaban un sistema defensivo que protegía la zona norte de la Sierra de Estrela de las agresiones procedentes de Castilla.
En tiempos de don Dionís, como en otras muchas fortalezas, se realizaron nuevas reformas en Linhares. El señorío de la villa y el castillo los cedió a su hijo Fernão Sanches.
Durante la crisis sucesoria acontecida tras la muerte del rey Fernando, Linhares tomó, como otras muchas plazas, partido por el Maestre de Avis, el cual entregó la tenencia del castillo a un hombre de su entera confianza, un hidalgo llamado Egas Coelho, en agosto de 1384. Coelho fue sucedido por Martim Vasques de Cunha, que con la guarnición del castillo tomó parte en la batalla de Troncoso en la primavera del siguiente año, jornada que resultó favorable a las armas portuguesas.
Con el fin de los conflictos territoriales entre Castilla y Portugal tras el Tratado de Alcañices, el castillo de Linhares da Beira perdió su utilidad militar y, con ello, comenzó su decadencia.
Descripción
Su forma es alargada, en forma de poliedro irregular, adaptándose al terreno donde se levanta, y está formado por dos recintos separados por la torre del homenaje y una cortina que lo parte en dos.
En el extremo de levante se erige una imponente torre de planta rectangular en la que se instaló un reloj en el siglo XVII que le da nombre. Su acceso se encuentra en el patio se armas, elevado unos 2,5 metros sobre el nivel del suelo, y se llega a la puerta mediante una escalera metálica de reciente construcción. La torre tiene dos plantas y una azotea. En cada cara hay una aspillera por planta. La azotea cuenta con parapeto y merlones de sección rectangular.
En esta primera plaza de armas hay dos puertas ojivales, una situada en la cortina norte y otra en la sur. Ambas cortinas cuentan con el parapeto, pero no quedan restos del almenado. Es probable que este espacio se destinase a dar cobijo a la población de la villa en caso de ataque.
A continuación, en el centro del conjunto, se encuentra la torre del homenaje, de la que, como ya se ha mencionado, surge una cortina que parte en dos el recinto. En la cortina se abre la puerta que da acceso al siguiente patio de armas, defendida por un matacán de la torre, situado en la esquina de la misma y sustentado por cinco ménsulas. La entrada a la torre es similar a la de la anterior. En este caso, está defendida por otro matacán, éste soportado por tres ménsulas. Ambos son cerrados, y disponen de aspilleras abuzonadas orientadas hacia abajo, y proceden seguramente de las reformas efectuadas en tiempos de don Dionís.
En este patio se observan restos de un aljibe y una alberca, así como restos de lo que podría haber sido dependencias del castillo, como almacenes, etc. Cuenta también con una poterna que se abre en el extremo de poniente, y dos escaleras en el lado sur para subir al adarve. Al igual que la del patio anterior, cuenta con parapeto pero no con almenado.
El castillo carece de torres de flanqueo, que sustituye mediante los ángulos de la muralla, de gran espesor y con adarves de una anchura poco habitual.
Materiales
Toda la fábrica es de sillería de granito, obviamente cortado in situ por la abundancia de dicho material en la zona.
Visitas
Es de acceso libre.